La chica con música en las manos

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La batería del móvil se ha agotado. Siempre pasa igual, cuando estás enviando un mensaje de Whatsapp un poco más largo de lo que es habitual, se te apaga... Tu respuesta se ha perdido en la nada y no podrás volver a contestar hasta que no estés en casa para enchufar el móvil a la corriente eléctrica para cargarlo de nuevo. Y entonces ya te habrás perdido todo lo que decían los del grupo y la respuesta que querías hacer ya no tendrá ningún sentido. ¡Qué efímera y banal es la comunicación digital!

 


Me ha sucedido en el metro. He guardado el móvil. Sin libro y sin nada más para poder leer, me he puesto a contemplar los viajeros para distraerme. Veía que la mayoría miraban sus móviles. Aislados en sus mundos. Pasaban los dedos por sus pantallas táctiles, que cada vez tienen más pulgadas... Otros escuchaban música con cascos sin hilos con auriculares de grandes dimensiones. También los había que la escuchaban con auriculares minúsculos, tanto... que cuando se colocan dentro de las orejas ni se ven. Algún viajero leía en papel. Estos lectores en los tiempos que corren ya son una estraña avis. Pero pocos, muy pocos, viajaban sin autodistracciones, sólo los que tienen que salir del convoy en las próximas paradas ya han guardado los dispositivos de matar el tiempo de viaje. Algunas personas leen prensa gratuita. Hoy un tema se repite en los titulares de cabecera de las diferentes portadas: "El atentado de Estado Islámico en Ba-ta-clán, la sala de conciertos histórica de París", "Terror en Francia", "Un golpe inadmisible a la tolerancia europea"... Es inevitable. Todo el mundo está consternado. A pesar de los años que hace que dura el conflicto en Oriente Medio, parece que ahora la gente ha tomado conciencia porqué los muertos son de aquí, cuando allá mueren los mismos cada día y sin tanto eco mediático. Un hombre con sombrero, barba y gafas, hace que no con la cabeza mientras lee. Otra mujer seria pasa páginas lentamente con un semblante de preocupación.


Plaza Catalunya. El metro se para. Se abren las puertas. Los viajeros salen. Entonces, entra una chica cubierta con un hiyab. Tanto los viajeros que no están distraídos como los que sí lo están, se ponen de acuerdo y se la miran de reojo. Primero resiguen con la mirada su pañuelo brillante, y luego sus ojos se quedan clavados en su mochila que lleva puesta en la espalda, comos si pudieran escanear el contenido. "Ojalá pudiera saber lo que lleva dentro", piensa cada uno por sí mismo. El hombre de barba con gafas, deja caer el periódico encima de las piernas y también la mira con ojos llenos de desconfianza. La mujer seria la repasa de abajo a arriba buscando algún indicio de lo que sospecha pero sin embargo no encuentra lo que busca. El que escucha música toca la pantalla para poner en pausa la reproducción, hasta el momento la miraba por el rabillo del ojo pero ahora gira la cabeza para ver mejor a la chica árabe. Reconozo que yo también la miro con desconfianza.


¿Por qué? No lo se. Debe ser la psicosis colectiva de estos días. Ella, pero, absorta, no los ve, como si estuviese en una burbuja que la autoprotege de las miradas incisivas, con sus manos palpa suavemente la pared del vagón y se apoya al lado de la puerta. Una vez agarrada a la barra, el metro arranca. Las personas que la miran, la continuan mirando, también yo. Pero ella sigue si verlos. Viste un precioso pañuelo brillante estampado, que le tapa los ojos y le cubre el pelo hasta los hombros. Me extraña esta manera de llevarlo puesto, ya que normalmente los hiyabs sólo tapan el pelo, no los ojos. En uno de sus dedos, delicados y largos, lleva un anillo dorado muy trabajado, de bisutería repujada con brillantitos de colores. Sus manos están marcadas con un dibujo de filigrana hecho con henna del que se intuye una fina forma llena de detalles que enseguida se esconden debajo la manga larga. Cómo su actitud no parece sospechos, la gente la empieza a dejar de mirar. Pero yo, furtivamente, sigo mirándola porque se que ella no me ve. No lo puedo evitar. Los dedos de sus manos empiezan a moverse rítmicamente y dan pequeños golpes muy medidos, que realizan una percusión sincrónica, un ritmo que sigue su mano derecha, la que tiene apoyada en la pared del vagón. En cambio, su mano izquierda, con la que se sujeta a la barra, sigue otro ritmo. Estos ritmos harmoniosos coordinados parecen musicales. Lo tienen que ser, tal y como se mueven sus dedos. Miro alrededor. Sólo percibimos la música ella y yo. Mueve también la cabeza y el cuerpo al ritmo de la melodia imáginaria. Seguro que es bonita y agradable. Cada vez que lo veo más claro si siguo el conjunto de sus movimientos, ligeros y discretos, que realiza con los dedos, manos y cuerpo.


En un giro brusco del tren, el pañuelo que le cubre la cabeza hasta el torso deja entrever los cables de los auriculares que le van a la oreja. ¡Está claro! Oye música y de hecho, lo que hace, es hacer bailar sus manos y cuerpo al ritmo de la música que sólo ella escucha. En otro bandazo del metro, el pañuelo de la cabeza se le desliza hasta reposar en sus hombros. En este momento me doy cuenta. No puede ver. Ahora le puedo ver los ojos. Es ciega.


Su rostro de piel turgente tiene imperfecciones. Los párpados donde tendría que estar uno de sus ojos se hunden en la cavidad ocular, indicando su ausencia. Los párpados del otro ojo, se entreabren un poco, y dejan ver muy ligeramente, la córnea blanca, de un ojo muerto con el cual tampoco puede ver. Su cutis tiene pequeñas marcas hechas por heridas ya curadas. Parecen incisiones producidas por algunos cuerpos extraños de diferentes tamaños, seguramente a resultas de alguna explosión. Ahora sólo quedan los vacíos.


Entonces, enfrascado, me he dado cuento que si jo hubiese sido consciente que ella podía ver, no la habría mirado tanto rato. Me he sentido un poco indigno y la he dejado de mirar. 

Ahora, ya no queda ningún viajero que la mire. Nadie se ha percatado que es ciega. Sólo han visto su pañuelo, su mochila... Y lo han asociado a un peligro, a una sospecha. Sin fundamento. Sin pensar en nada más. Sin valorar ninguna otra posibilidad.


No han percibido su sensibilidad musical, la misma que ellos mismos seguramente también tienen cuando oyen música. Lo que no se si ella es consciente de las miradas que han recaído sobre ella durante este tiempo, ni los que la han prejuzgado como sospechosa de algo sólo por su aspecto y su vestimenta.


Estación de Clot. Las puertas se abren. Con el rabillo del ojo veo que la chica con música en las manos se va. Yo sigo mi viaje, sin embargo, marcado por un tiempo por su presencia silenciosa.


Me pregunto cómo podría ser su vida. Me imagino que alguien la debe querer mucho porque ella misma no se puede elegir el pañuelo que viste. Ni se puede hacer ella misma los dibujos con henna que lleva en los brazos. Deduzco que su familia puede ser originaria del Magreb porqué es en aquella zona dónde las mujeres árabes se hacen estos dibujos con henna. ¿Y cómo ha perdido su ojo? Es posible que lo haya perdido por algún hecho violento sucedido en su país de origen, cuando era pequeña... La gente no suele nacer sin ojo. Podría ser que haya viajado miles de kilómetros atravesando el mar Mediterráneo en una patera, o cruzando Europa por tierra, frontera tras frontera, en camiones o vehículos de carga... Quién lo sabe...


En estas fechas de Navidad, que ahora se acercan, estos hechos cotidianos que nos conmueven cogen más inportancia, porque una de las cosas buenas que tienen estas fiestas, es que salimos de nuestro mundo individual y egocéntrico, y que pensamos más en las personas que nos quieren y en las personas que sufren.


Nos gustaría que este año que ahora llega, vuestros ojos estén abiertos a las cosas bonitas que nos ofrece la vida, así como que tengáis abiertos también el resto de sentidos. Y que los prejuicios hacia los que son diferentes no os turben vuestra manera de hacer. Siempre hay destellos de ilusión en todos los momentos de la vida, por duros y difíciles que parezcan, y por obstáculos que parezca que nos ponen.


Y sobretodo, apagar más el móvil. Móviles, malditos... Nos priváis de tantas cosas de la vida cuando pensamos que con vosotros estamos más al día, cuando de hecho es lo contrario, ¡nos aisláis del mundo más próximo!


Feliz Navidad y próspero año 2016,


Joaquim y Bora

Navidad 15-16

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Jueves 22 Agosto 2019

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